Mi segunda ceremonia fue "Preciosa y fácil" como últimamente todas. Pero ya he aceptado que sea así. Tampoco vamos a quejarnos.
Además en esta ceremonia, no sólo tuve mis "Historias", también hubo una experiencia más profunda y espiritual.
En la parte final, parecía que mis "Películas" habían acabado, y empezó la parte en la que solemos cantar todos. Así que me dije, "Bueno, ¿y ahora que hago?", y decidí cantar también. Cómo un experimento.
Nunca lo había hecho. Alguna vez lo intenté, me sentí fuera de lugar, y lo dejé en seguida.
Así que esta vez volví a probar, a ver que tal.
Me concentré en hacerlo bien, en sacar todo desde el fondo. El formato suele ser, que el Chamán dice algo y tú lo repites.
Eso te permite hacerlo cada vez mejor, concentrarte en dar más energía a la próxima intervención.
Al final, hasta me impacientaba de que nos tocase el turno, y tenía hambre, voracidad, de cantar nuestra estrofa.
Cuando te fundes en esta tarea sencilla, no hay nada más. Sólo el canto. Estás cantando a Dios, junto con otra gente que hace lo mismo, y un guía que enseña cómo hacerlo.
Cuando consigues fundirte en este "juego", no piensas, no juzgas, sólo existes, sólo sientes. Y es una gozada.
Las palabras que dices son en una lengua de la que no entiendes nada, y hay canciones en las que las estrofas son más y más complejas.
Yo escuchaba con atención y las repetía, hasta que fueron tan complejas que según las oía me descojonaba porque sabía que no las iba a saber repetirlas ni loco. Entonces sólo tarareaba la melodía.
Esto tiene su gracia, porque cuando veo a gente que sólo tararea porque no se saben las letras, me río de ellos, y me siento superior porque yo sí las conozco.
Bueno, pues me sentí genial siendo tonto.
Describir la sensación es muy difícil, pero intentaré acercarme. Es cómo si de normal fuésemos un ser disgregado, como una imagen de ramas, piedrecitas, polvo que se mueven juntos, unidos por alguna fuerza. Cuando estás en este estado, todas esas cosas se unen homogeneamente en una esfera, de bordes maravillosamente lisos, todo es homogéneo, de bordes suaves y perfectos, sólo hay paz y alegría.
-----------------
Esto fue en la parte final de mi ceremonia, pero en el centro, tuve más historias de yo León.
Aquí la imagen gráfica no aparecía, eran más bien palabras, porque el mensaje metafórico era ya muy obvio.
Era analizar cuestiones de mi vida, bromeando con la metáfora del león.
En la ceremonia anterior, había salido ya la pregunta de "¿A qué había venido el hostión de la parálisis facial?".
Y formulo así la pregunta porque lo veía como si estuviésemos en clase, y de eso que el profe va paseando entre las filas, y cuando lo tienes detrás te suelta una colleja que casi se te salen los ojos de las órbitas. Y te preguntas ¿Y a qué ha venido ese hostión?. Supones que habrá una razón.
Puedes imaginar motivos, pero podría haber varios, ¿Cual de ellos sería?. ¿Sería castigo, lección, oportunidad, otra cosa que no entiendo...?.
Bueno, pues andaba yo ahí sumido un poco en mi compasión por mis dotes cazadoras, que ya, a mi edad, con la "jeta arreglada", y siendo que ya antes era de belleza distraída, no iba a catar muchas cacerías de muchachas lozanas. Y me lamentaba un poco ( o un mucho, según se vea) por el escaso balance.
Bueno, pues ahí empiezo a oír. Sí, claro, sólo has capturado tres piezas. ¡¡¡Pero qué tres piezas, mamón!!!.
La primera vez que vino "el Petuyas,", (como me llama mi querido Chamán), con una pieza, a eso de los 25 añitos, vino con ¡¡¡un hipopótamo!!!!.
La segunda vez, estaba la manada revuelta, a ver que trae esta vez. ¡¡¡Un elefante!!!.
Y ya la tercera, había expectativas, y ¿qué coño traerá ahora?. ¡¡¡¡UNA BALLENA!!!.
Que claro, la gente tenía curiosidad por saber cómo había sido eso, en ver el proceso interno.
Pero eso queda en la intimidad de las presas y yo.
Pero señor mío...¡¡Que festival!!.
Lo que sí me quedó claro es que la última pieza me venía ya grande, que me atrae más de lo que puedo abarcar. Tanto en energía física como en pasión afectiva, que evitabas mirar esos ojos azules para no derretirte en ellos.
Quéjate mamón, quéjate, sólo tres, pero que chavalas han saboreado tus bigotes.
Que cualquiera que te vea dirá: "Este pobre, no se ha llevado a la boca más tetas que las del playboy". Sí, sí. Menudas chavalas que he disfrutado yo.
Y luego también ha habido escarceos bonitos e interesantes.
Pero estas tres, que festival de sexo y amor. Tienes para disfrutar recordando una vida entera.
Y las dos últimas fue cuando "Ya te habían arreglado la jeta".
Así que tampoco es que sea tan dramático cómo lo describes.
Y tus amigos leones, menudos cazadores también. El Conrad, menudo ejemplar, era la envidia de la manada, Cuando andabamos juntos, yo parecía un "piltrafilla". El día que fue de caza vino con un "Tiranosaurs rex". Con una sola presa, le valió para toda la vida.
Y el larguirucho divertido menuda pieza ha cogido. Aún la voy conociendo, y cuanto más descubres, más te maravillas.
Pero sobre todo mi experiencia viajó a ese primer amor. A ese amor de juventud, cuando todas las pasiones se descubren, se encienden, se inflaman. Cuando los cuerpos tienen la piel sana, no se cansan, no se quejan.
Viendo a la gente más joven echo de menos eso. Y lo echo de menos como si yo no lo hubiese experimentado. ¡Y vaya si lo experimenté!.
Como descubrí la relación de pareja, con la mejor pareja que nadie pueda imaginar. Cómo me enseñaron a sintonizar mi cuerpo con el de ella. Que bonitas lecciones, y aún que maravillosas prácticas.
Y cuando los cuerpos ya se saben, que maravilloso baile. Cuando tienes tanto deseo como energía para expresarlo.
Hasta que sacias ese volcán. Sí, tengo para regodearme en el recuerdo años de esta sensación.
Y lamentaba profundamente, que en ese primer amor, nunca dije esas palabras, nunca reconocí que eso era amor. Ahora lo veo tan claro...
La razón para no decirlo: "Miedo por parecer pretencioso y usar palabras que me venían grandes".
¡Sería idiota!. Con lo bonitas que son esas palabras, con lo poderosas que son, cómo me lo he pasado diciéndolas en mis otras dos relaciones.
¡Vaya desperdicio!.
Pensé "Te quiero" y "Gracias", que bonitas palabras, que poderosas y qué poco las digo.
En mi última relación lo hacía como un juego. Me ponía serio, y decía, muy solemnemente. "Ay, se me olvidaba algo importante que decir", Mi rusita me miraba asustada como si fuese a decirle algo muy grave. Y entonces le cambiaba la cara y le decía "Que te quiero".
Era tan bonito ver cómo le cambiaba la expresión al disfrutar de lo bonito de la mezcla del juego entre humor y amor...
Pero bueno, ahora tengo mis recuerdos para saborear ese primer amor, y llenar todos sus rincones de esas palabras, imaginarme cómo sería si no me las hubiese contenido.
¡Firgen santa, que festival!.
Pensando esto también se me ocurrió otra idea bonita, es acerca de cómo me enfrento, desafío y machaco a la gente más convencional.
Pensando en estos recuerdos, pensé en escribir..."Me voy a hacer unas pajas gloriosas".
Y claro, sé que mis amigos más próximos se descojonan de "Cómo se pasa el Pepe", aquí, en público, que lo puede leer cualquiera.
Pero pensé en la gente que se siente ofendida e incluso dolida con estas cosas.
Y en vez de separarme de ellos y estigmatizarles, pensé en intentar que me comprendan y disculpen.
Pensé en decirles:
"Sí, claro, yo también veo los límites. ¿Y porqué los traspaso?. Por jugar, por un deseo ancestral de ser travieso. Sí, soy un viejito travieso. ¿No comprendes ese deseo, el de hacer un travesura?. El de ver cómo la gente se asusta un poco. Si sólo desvelo mi intimidad. ¿Nunca tienes deseo de ser travieso tú, de traspasar los límites?. ¿no conoces ese deseo?. ¿Y no me vas a perdonar a mí por llevarlo algunas veces a cabo?.
Igual mi ejemplo te anima a ti a hacer alguna travesura.
--------
También pensé en esa imagen de mi: "Un vejete travieso".
Y que si alguna vez intentaba algo con alguna jovencita esa es la imagen que en el mejor de los casos podría conseguir.
Pensé que le diría: "Sí, bonita, no sabes lo que este vejete travieso haría con tu cuerpo".
Y si ella entrase al juego y preguntase: "Sí, ¿y qué harías?".
Yo respondería que "iría acariciando su cuerpo muy despacito, besaría sus pies, sus rodillas, le haría un masaje en la espalda, le rascaría el culo con mi barba, le acariciaría el pelo, los ojos, los labios, y no dejaría nada de su piel sin ser besada...y cuando ya estuviese encendida de pasión, con todas las células de su cuerpo ardiendo, esperando a un amante tipo Otelo, un semental impresionante con un rabo descomunal, aparecería yo, poquica cosa, de colita discreta, que duraría poco más de un minuto, y que la iba a dejar con más hambre que el perro de un volatinero".
Y es que eso es asumir la madurez.
Igual me responde: "Pues igual voy a comer a tu restaurante, el plato principal deja mucho que desear. Con esos entremeses yo esperaba corzo, y tú me sirves saltamontes pero igual merece la pena sólo por los entremeses.
La cuestión es que estoy en una edad en la que debo reconducir mis deseos, y que no se parezcan a los de un adolescente.
El sábado me di otro festivalazo con el gong de cuarzo. Y para los que conocemos estas experiencias, la sensación no tiene nada que envidiar.
Además en esta ceremonia, no sólo tuve mis "Historias", también hubo una experiencia más profunda y espiritual.
En la parte final, parecía que mis "Películas" habían acabado, y empezó la parte en la que solemos cantar todos. Así que me dije, "Bueno, ¿y ahora que hago?", y decidí cantar también. Cómo un experimento.
Nunca lo había hecho. Alguna vez lo intenté, me sentí fuera de lugar, y lo dejé en seguida.
Así que esta vez volví a probar, a ver que tal.
Me concentré en hacerlo bien, en sacar todo desde el fondo. El formato suele ser, que el Chamán dice algo y tú lo repites.
Eso te permite hacerlo cada vez mejor, concentrarte en dar más energía a la próxima intervención.
Al final, hasta me impacientaba de que nos tocase el turno, y tenía hambre, voracidad, de cantar nuestra estrofa.
Cuando te fundes en esta tarea sencilla, no hay nada más. Sólo el canto. Estás cantando a Dios, junto con otra gente que hace lo mismo, y un guía que enseña cómo hacerlo.
Cuando consigues fundirte en este "juego", no piensas, no juzgas, sólo existes, sólo sientes. Y es una gozada.
Las palabras que dices son en una lengua de la que no entiendes nada, y hay canciones en las que las estrofas son más y más complejas.
Yo escuchaba con atención y las repetía, hasta que fueron tan complejas que según las oía me descojonaba porque sabía que no las iba a saber repetirlas ni loco. Entonces sólo tarareaba la melodía.
Esto tiene su gracia, porque cuando veo a gente que sólo tararea porque no se saben las letras, me río de ellos, y me siento superior porque yo sí las conozco.
Bueno, pues me sentí genial siendo tonto.
Describir la sensación es muy difícil, pero intentaré acercarme. Es cómo si de normal fuésemos un ser disgregado, como una imagen de ramas, piedrecitas, polvo que se mueven juntos, unidos por alguna fuerza. Cuando estás en este estado, todas esas cosas se unen homogeneamente en una esfera, de bordes maravillosamente lisos, todo es homogéneo, de bordes suaves y perfectos, sólo hay paz y alegría.
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Esto fue en la parte final de mi ceremonia, pero en el centro, tuve más historias de yo León.
Aquí la imagen gráfica no aparecía, eran más bien palabras, porque el mensaje metafórico era ya muy obvio.
Era analizar cuestiones de mi vida, bromeando con la metáfora del león.
En la ceremonia anterior, había salido ya la pregunta de "¿A qué había venido el hostión de la parálisis facial?".
Y formulo así la pregunta porque lo veía como si estuviésemos en clase, y de eso que el profe va paseando entre las filas, y cuando lo tienes detrás te suelta una colleja que casi se te salen los ojos de las órbitas. Y te preguntas ¿Y a qué ha venido ese hostión?. Supones que habrá una razón.
Puedes imaginar motivos, pero podría haber varios, ¿Cual de ellos sería?. ¿Sería castigo, lección, oportunidad, otra cosa que no entiendo...?.
Bueno, pues andaba yo ahí sumido un poco en mi compasión por mis dotes cazadoras, que ya, a mi edad, con la "jeta arreglada", y siendo que ya antes era de belleza distraída, no iba a catar muchas cacerías de muchachas lozanas. Y me lamentaba un poco ( o un mucho, según se vea) por el escaso balance.
Bueno, pues ahí empiezo a oír. Sí, claro, sólo has capturado tres piezas. ¡¡¡Pero qué tres piezas, mamón!!!.
La primera vez que vino "el Petuyas,", (como me llama mi querido Chamán), con una pieza, a eso de los 25 añitos, vino con ¡¡¡un hipopótamo!!!!.
La segunda vez, estaba la manada revuelta, a ver que trae esta vez. ¡¡¡Un elefante!!!.
Y ya la tercera, había expectativas, y ¿qué coño traerá ahora?. ¡¡¡¡UNA BALLENA!!!.
Que claro, la gente tenía curiosidad por saber cómo había sido eso, en ver el proceso interno.
Pero eso queda en la intimidad de las presas y yo.
Pero señor mío...¡¡Que festival!!.
Lo que sí me quedó claro es que la última pieza me venía ya grande, que me atrae más de lo que puedo abarcar. Tanto en energía física como en pasión afectiva, que evitabas mirar esos ojos azules para no derretirte en ellos.
Quéjate mamón, quéjate, sólo tres, pero que chavalas han saboreado tus bigotes.
Que cualquiera que te vea dirá: "Este pobre, no se ha llevado a la boca más tetas que las del playboy". Sí, sí. Menudas chavalas que he disfrutado yo.
Y luego también ha habido escarceos bonitos e interesantes.
Pero estas tres, que festival de sexo y amor. Tienes para disfrutar recordando una vida entera.
Y las dos últimas fue cuando "Ya te habían arreglado la jeta".
Así que tampoco es que sea tan dramático cómo lo describes.
Y tus amigos leones, menudos cazadores también. El Conrad, menudo ejemplar, era la envidia de la manada, Cuando andabamos juntos, yo parecía un "piltrafilla". El día que fue de caza vino con un "Tiranosaurs rex". Con una sola presa, le valió para toda la vida.
Y el larguirucho divertido menuda pieza ha cogido. Aún la voy conociendo, y cuanto más descubres, más te maravillas.
Pero sobre todo mi experiencia viajó a ese primer amor. A ese amor de juventud, cuando todas las pasiones se descubren, se encienden, se inflaman. Cuando los cuerpos tienen la piel sana, no se cansan, no se quejan.
Viendo a la gente más joven echo de menos eso. Y lo echo de menos como si yo no lo hubiese experimentado. ¡Y vaya si lo experimenté!.
Como descubrí la relación de pareja, con la mejor pareja que nadie pueda imaginar. Cómo me enseñaron a sintonizar mi cuerpo con el de ella. Que bonitas lecciones, y aún que maravillosas prácticas.
Y cuando los cuerpos ya se saben, que maravilloso baile. Cuando tienes tanto deseo como energía para expresarlo.
Hasta que sacias ese volcán. Sí, tengo para regodearme en el recuerdo años de esta sensación.
Y lamentaba profundamente, que en ese primer amor, nunca dije esas palabras, nunca reconocí que eso era amor. Ahora lo veo tan claro...
La razón para no decirlo: "Miedo por parecer pretencioso y usar palabras que me venían grandes".
¡Sería idiota!. Con lo bonitas que son esas palabras, con lo poderosas que son, cómo me lo he pasado diciéndolas en mis otras dos relaciones.
¡Vaya desperdicio!.
Pensé "Te quiero" y "Gracias", que bonitas palabras, que poderosas y qué poco las digo.
En mi última relación lo hacía como un juego. Me ponía serio, y decía, muy solemnemente. "Ay, se me olvidaba algo importante que decir", Mi rusita me miraba asustada como si fuese a decirle algo muy grave. Y entonces le cambiaba la cara y le decía "Que te quiero".
Era tan bonito ver cómo le cambiaba la expresión al disfrutar de lo bonito de la mezcla del juego entre humor y amor...
Pero bueno, ahora tengo mis recuerdos para saborear ese primer amor, y llenar todos sus rincones de esas palabras, imaginarme cómo sería si no me las hubiese contenido.
¡Firgen santa, que festival!.
Pensando esto también se me ocurrió otra idea bonita, es acerca de cómo me enfrento, desafío y machaco a la gente más convencional.
Pensando en estos recuerdos, pensé en escribir..."Me voy a hacer unas pajas gloriosas".
Y claro, sé que mis amigos más próximos se descojonan de "Cómo se pasa el Pepe", aquí, en público, que lo puede leer cualquiera.
Pero pensé en la gente que se siente ofendida e incluso dolida con estas cosas.
Y en vez de separarme de ellos y estigmatizarles, pensé en intentar que me comprendan y disculpen.
Pensé en decirles:
"Sí, claro, yo también veo los límites. ¿Y porqué los traspaso?. Por jugar, por un deseo ancestral de ser travieso. Sí, soy un viejito travieso. ¿No comprendes ese deseo, el de hacer un travesura?. El de ver cómo la gente se asusta un poco. Si sólo desvelo mi intimidad. ¿Nunca tienes deseo de ser travieso tú, de traspasar los límites?. ¿no conoces ese deseo?. ¿Y no me vas a perdonar a mí por llevarlo algunas veces a cabo?.
Igual mi ejemplo te anima a ti a hacer alguna travesura.
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También pensé en esa imagen de mi: "Un vejete travieso".
Y que si alguna vez intentaba algo con alguna jovencita esa es la imagen que en el mejor de los casos podría conseguir.
Pensé que le diría: "Sí, bonita, no sabes lo que este vejete travieso haría con tu cuerpo".
Y si ella entrase al juego y preguntase: "Sí, ¿y qué harías?".
Yo respondería que "iría acariciando su cuerpo muy despacito, besaría sus pies, sus rodillas, le haría un masaje en la espalda, le rascaría el culo con mi barba, le acariciaría el pelo, los ojos, los labios, y no dejaría nada de su piel sin ser besada...y cuando ya estuviese encendida de pasión, con todas las células de su cuerpo ardiendo, esperando a un amante tipo Otelo, un semental impresionante con un rabo descomunal, aparecería yo, poquica cosa, de colita discreta, que duraría poco más de un minuto, y que la iba a dejar con más hambre que el perro de un volatinero".
Y es que eso es asumir la madurez.
Igual me responde: "Pues igual voy a comer a tu restaurante, el plato principal deja mucho que desear. Con esos entremeses yo esperaba corzo, y tú me sirves saltamontes pero igual merece la pena sólo por los entremeses.
La cuestión es que estoy en una edad en la que debo reconducir mis deseos, y que no se parezcan a los de un adolescente.
El sábado me di otro festivalazo con el gong de cuarzo. Y para los que conocemos estas experiencias, la sensación no tiene nada que envidiar.

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