martes, 21 de agosto de 2012

2ª ceremonia. 4 de agosto 12.

 Mi segunda ceremonia es sintiéndome así, como un pedazo león macho espectacular.
 Y suceden un montón de situaciones muy metafóricas.
La primera, me encuentro haciendo lo que hacen los leones machos, tocarse los huevos en medio de la sabana.
 En esto mientras los turistas hacen fotos, un crío pequeño ha abierto la puerta y tranquilamente se acerca a mí. Cuando la gente se da cuenta está a unos pocos metros. Yo lo miro con su paso seguro, sin el más mínimo miedo, y me parece la cosa más bonita del mundo. Se acerca y me empieza a acariciar, y decir: "Gatito". La gente está muerta de pánico y a mí su pequeña mano acariciándome me sabe tan rica...
 En eso levanto la cabeza y le miro a pocos centímetros, él me toca la cara, hasta indaga los colmillos con sus deditos. Entonces le hago un gruñidito muy suave, y dice: "Uy, el gatito se ha enfadado".
 Sí, sí enfadado. El problema es que a la vez que vivo esta maravillosa sensación, también fantaseo con cómo sabrá este delicioso querubín, que huele a gloria. Esa carne tan blanquita, esos huesos que apenas ofrecerían resistencia...
 Tengo que mantener a raya esos deseos.
 Y pienso que eso es lo bueno, que uno puede fantasear con darse el festival padre jamándome a este angelito, y no pasa nada. Pero no puedo hacerlo realidad.
 Y ahí viene la pregunta. Guío mi atención al cielo y pregunto: ¿A ver, quién atiende ahí?.
 Y me dicen: ¿Pero tú no eras un león agnóstico?. Bueno, pero habrá alguien para casos de emergencia. Resulta que sí, que lo hay, que me atiende, y pregunto: "A ver, ¿por qué leches no me puedo jamar a este angelito?".
 Y me dicen que no hay problema que me van a contestar. Que todos los leones, saben "Que no se pueden hacer determinadas cosas", pero que yo necesito saber el por qué. Y no hay ningún problema: "Se me explica".
 Entonces me enseñan el horror del remordimiento de cada mala acción indebida, sólo me lo enseñan, me lo van acercando, y en seguida tengo suficiente.
 Pregunto que podría ser un "León loco", que no distingo el bien del mal y no me importa. También me acercan lo que es el horror de estar loco. Tengo suficiente en seguida.
 Así, que viendo que a los padres les va a dar algo, cojo al crío en la boca, y se lo acerco al coche. La madre mira con unos ojos que rebosan agradecimiento, el padre me va a tocar y le enseño un poquito los dientes. Entiende en seguida que él no tiene permiso.
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 Otro momento es "ir de leonas". Aquí uno no debe tener ningún miedo en hacer algo incorrecto y temer por el remordimiento, aquí ellas te lo dicen..."Clarito, clarito".
 El primer contacto, me dejo lamer por una leona, y empieza a acercar su boca a mi cuello, y me aparto y le pregunto: "¿Pero tú lo sabes hacer?" (me refiero, por su puesto a matar por asfixia), y ella se ríe de mi ingenuidad y me dice: "Tengo un arte...".
 Pero si te relajas y confías es todo tan rico, tan delicioso...
 En principio, no tienes mucho miedo, sabes que si la cosa pasa al plano violento puedes con ella, igual te llevas un buen mordisco y unos zarpazos, y corriendo saldrás vivo Pero ya se sabe lo que tiene "ir de leonas". Si no quieres ni arañazos ni mordiscos, quedate solito en la selva, que ahí nadie te hace nada. Pero es que a tí..."Te gustan las leonas".
 Así que te dejas, lamer, te pones panza arriba, confías...
 Vienen otras leonas, atraídas por la situación, curiosas, y te lamen, todas...Y yo ya ni sé los límites de mi cuerpo.
 De pronto caes en una cuestión. Tienes a una con su boca en tu garganta, a otra en cada axila y en cada ingle y entonces esa voz de arriba te dice: "En este momento, analiza una situación: Si la cosa se pone a malas, que posibilidades tienes de salir con vida de esta".
 Entonces comprendes: "Ninguna". Así que puedes relajarte y confiar que de la misma manera que tú sabes que no era correcto comerse a ese niño, ellas saben que no es correcto matar a un macho que se a acercado con sus mejores intenciones.
 Pero el pánico de la muerte tan cerca me hace moverme muy despacito, soltar a una, lamerle, sumiso, despacito, con mucho cariño, con la cola bien metidita en el culo, lamer a otra suavemente para que me vaya soltando y poquito a poco, muy, muy despacito salir de ahí por patas sintiendo lo cerquita que he estado de palmarla. Y con pena de no haber seguido confiando, relajado, porque eso era "gloria bendita", pero el miedo ha podido, y al menos he salido vivo y sin un sólo zarpazo.
 Eso es lo bueno de ir de leonas, que ellas "Ya te explican lo indebido". Y por eso no es correcto liarte con leonas jóvenes que no se podrían defender si se ven contrariadas.
 Cómo mucho con su madre al lado, que ella sí que te "explica" enseguida si has hecho algo indebido.
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 Otra vez estoy con todos los amigotes, un grupo fantástico, majísimo, les aprecio mucho. Y de pronto una leona, jovencita, incauta y sola viene para donde estamos la panda. Yo flipado: "¿Qué hace esta loca?" Entonces miro a los amigos y veo en todos sus ojos transformados. Se la van a follar, se la van a comer, y no sé en qué orden.
 Entonces me pongo entre medio, y pongo "orden" en esa situación que está a punto de ponerse dramática, la leoncita se va, y los ánimos se calman.
 Entonces con tranquilidad lo hablamos y se dan cuenta de que estaba mal pero si no llego a poner orden, hubiesen sucumbido claramente a los insitintos.
 Se plantea que esa misión de "Controlador" la he sentido yo, pero que podríamos hacerlo por elección democrática, que haya un vigilante para que si vuelve la leoncita, el resto pueda relajar sus instintos para jugar con la leona, sin que acabe en violación ni asesinato, porque alguien vela por ti.
 Pero el que vela no puede participar.
 Una vez con cariño la leoncita se dejó montar, y el "Vigilante" se animó a la "Fiesta copulatoria", y después del maravilloso coito, se durmió placidamente.
 Al despertar pregunto con cariño por la leoncita, y en todos los amigos había una cara, muy rara, la sangre en los bigotes les delataba.
 Y entonces: "El horror", te gustaría matar a los amigos, pero sabes que es culpa tuya, y te sumerges en la angustia, en la pena". También preguntas si ha sobrado alguna chuletita (es que follar da un hambre...), ellos encantados te la guardaban como oro en paño, en parte para que participes del delito y en parte para que los disculpes. Tú solo te culpas a tí mismo. Y rechazas la chuleta que no dura un segundo entre feroz bronca por disputarla.
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 La segunda ceremonia estuvo llena de estas situaciones metafóricas que tan bien describen relaciones humanas, son muchas y mejor detalladas de lo que aquí he hecho. Sólo he escogido algunas de las que más me llamaron la atención.

 

2 comentarios:

  1. Estoy flipando con tu relato, Josetxu...

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  2. No había visto hasta ahora tu relato. Me parece muy curioso que haya salido una imagen tan metafórica (el león).... Yo creo que las imágenes no son tan importantes como la sensación que queda dentro de ti. Eso es lo que deja más poso. A ver que es lo que te sale a ti después de todo esto.... Saludets!

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